LA LUZ QUE IRRUMPE COMO UN RAYO. SOBRE «CUANDO LAS NUBES ESCONDEN LA SOMBRA» (JOSÉ LUIS TORRES LEIVA, 2024)

por Mercedes Orden

En una entrevista viralizada por estos días, Rita Segato se define como ex humana. Ella dice: “no quiero pertenecer a esta especie siniestra, genocida”1. La antropóloga plantea su falta de optimismo respecto a nuestra especie donde la crueldad deja fuera del mapa el concepto mismo de los derechos humanos, una voluntad por desertar de un presente que confirma la incapacidad de dialogar con los verdugos actuales. No hay diálogo en tanto no hay comprensión por parte del opresor sino una acción de exterminio, no hay intercambio de ideas, sino que emerge la intención por imponer un único relato donde el victimario se percibe como víctima. En este contexto sórdido, Cuando las nubes se esconden de la sombra, la nueva película de José Luis Torres Leiva, nos acerca una mirada cálida respecto a lo que aún nos puede salvar: la defensa de la dimensión sensible.

El film comienza con María (interpretada por María Alché) en un barco camino a Puerto Williams, ubicado en Isla Navarino, al sur de Chile, donde llega para actuar en una película. En el principio o el fin del mundo -depende de quién y cómo mire el mapa- una mujer la pasa a buscar, le da la bienvenida y mientras la acompaña hasta su alojamiento, le aconseja que aproveche su estadía para conocer el lugar. La recién llegada le pregunta si hay micros que la lleven hasta el bosque, la local niega esta posibilidad, tampoco taxis ni ubers, pero asegura no tener inconvenientes en prestarle su vehículo para recorrer el territorio. El consejo y el gesto de confianza se convierten en una forma de transitar los días, ya que cuando el clima condiciona de forma imprevista la incapacidad del equipo de filmación para poder viajar, lo que iban a ser días agotadores de rodaje se convierte para María en un tiempo entre paréntesis, lejos de la rutina y un hogar a los cuales tampoco puede regresar a causa de la tormenta.

Aislada en ese interregno que ignora cuánto durará y si la película finalmente se realizará, María siente el primer padecimiento: un dolor lumbar la inmoviliza y obliga a pedir ayuda para llegar hasta el hospital local. Con un gesto de ternura sostenido en su rostro mientras mira a una madre joven amamantar a su bebé en la sala de espera, la actriz argentina comienza a descubrir la ciudad más austral del mundo mientras establece conversaciones con quienes viven allí. Este gesto de la protagonista puede ser pensado también como una intención de la película: registrar el paisaje a partir de la capacidad de detenerse en lo particular, en su luz natural, en la belleza de lo simple y estar disponible para aprender de sus saberes.



En el cine de Torres Leiva lxs protagonistas llevan a cabo diversos recorridos físicos y emocionales que parten de lo desconocido hacia una comprensión de sí. Varios de sus films se ubican en medio de procesos de tránsito, de búsqueda personal donde asoman las heridas, el caos interior, el tiempo entre lo que dejó de ser y lo que está por comenzar. Como el personaje interpretado por Rosario Bléfari en Verano (2011), María hace de sus días en soledad un motivo de conocimiento exterior y autoconocimiento donde la fragilidad irrumpe cuando un duelo se manifiesta. Tras alcanzar una leve mejoría de salud, los espacios empiezan a ser explorados junto a un pequeño grabador de audio que ha quedado bajo su custodia, con el cual registra algunos sonidos para enviarle a su hija y otros pensamientos de su estadía.

Los paisajes y los ritmos locales son vivenciados a través de un acercamiento a lo cotidiano y a la forma en que cada unx habita el territorio: la dueña de una tienda que reserva ramos de flores para un vecino querido recientemente fallecido, la niña que toca el violín en el bosque, la pareja que narra las travesías en un barco hacia la Antártida, el biólogo que investiga lo efímero en una naturaleza que ostenta lo inabarcable, lxs estudiantes que participan de una clase de teatro, la curandera que utiliza técnicas de sanación para que María se permita un proceso de duelo, un potrillo junto a su manada, la mujer que recoge en la ruta, lleva a un hospital y allí la espera para retornarla a su hogar, le devuelven a la protagonista una nueva manera de transitar la espera. Como en el consejo que otorga una mujer de Chiloé al personaje de Ignacio Agüero en El viento sabe que vuelvo a casa (2016), cuando este le pregunta qué le recomienda, a quién ir a ver para seguir descubriendo el lugar, ella le explica que no puede decirle a donde ir, su consejo es que debe salir a conocer el espacio y su gente.

Lo humano, en gran parte perdido o difícil de apreciar en el cine y en la vida de hoy -en el cine como síntoma de su presente- en José Luis Torres Leiva emerge y conmueve en escenas que nos invitan a respirar. Las voces y los rostros de cada personaje recuperan la idea de contacto, de una vida en colectivo que desborda esa humanidad y afianza una relación indisociable con la naturaleza. La disposición de escucha que lleva a cabo María reafirma una forma de estar junto al resto que atiende a lo sensible, a esa parte que aún no nos han arrancado. Un sitio desde donde contemplar otros modos de estar en este mundo que nos ahoga, sin que sea necesario entrar en diálogo con la crueldad, sino retornar a nuestros sentidos, ver la luz que irrumpe como un rayo a través de la tormenta y hacer de eso nuestra potencia.

  1. Entrevista a Rita Segato en «Diálogos por la Democracia»: https://www.youtube.com/watch?v=FBjIHYEhfhg ↩︎

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