LAS LEALTADES: UNA CONVERSACIÓN CON ÁNGEL STEGMAYER Y EL COLECTIVO YAGUÁ PIRÚ

por Valentina Vignardi y Santiago Damiani

A propósito del estreno de El príncipe de Nanawa, conversamos con parte del equipo de creación de la película: Clarisa Navas, Ángel Stegmayer, Lucas Olivare y Eugenia Campos Guevara.

Valentina Vignardi/Santiago Damiani: Como punto de partida queríamos preguntarles sobre el encuentro entre ustedes, que se ve un poco en la peli pero está cortado. De repente esa aparición de Ángel que llama mucho la atención, ¿qué les sucedió ahí? Claro que hubo una curiosidad por él, pero se te vino a la cabeza un “che se puede hacer algo…”

Clarisa Navas: Estábamos trabajando en el mercado de Nanawa con dos mujeres, preguntando por qué no enseñaban más el guaraní a sus hijos, por esta cuestión de estigmatización en Argentina y demás, pero era una cosa más de documental de televisión. Y en un momento yo veo que hay unos chicos jugando por allá y lo veo a Ángel, que estaba jugando, pero cada tanto miraba. Ahí hay algo que me llamó. Yo todo el tiempo miraba para allá, y en un momento dado Liz me dice que Ángel había dicho que tenía algo para decir, que por favor lo entrevistemos, pero estábamos con una productora que decía que estábamos corriendo con los tiempos, la típica. Y digo pero vamos a ponerle el micrófono un ratito. Y ahí en ese momento le microfoniamos y bueno, Ángel empieza a hablar. Entonces yo no podía creer, cómo puede ser que alguien esté pensando todas estas cosas, empezó a hilar todas las cosas del mundo, que podíamos no comer animales, de todo, no podía creer cómo podía sentir tanta similitud con alguien.
Y ahí lo abrazo. Después nos muestra el puente y cuando cortamos seguimos grabando pero yo ya no me podía concentrar en la serie esta, solamente estaba pensando en Ángel. Cuando vino su mamá Luci le preguntó si se podía quedar más tiempo y dijo que no, entonces ahí dije, ay no, quiero volver a verle. Al otro día estaba entrevistando a la señora que era protagonista pero mirando todo el tiempo si Ángel pasaba, porque me dijo que pasaba por el puente porque iba a la escuela de Argentina. Miraba, miraba y en un momento veo a Ángel caminando, dejé de hablar con la señora y salí corriendo. Y ahí fue cuando me dijo que teníamos que hacernos un ADN porque capaz que éramos hermanos perdidos, y que no me olvidara de él, y que él no se iba a olvidar. Que había sido un día demasiado feliz porque le habíamos escuchado y que muchas veces no le tomaban en serio. Y bueno, nos reabrazamos, pero de vuelta estaba Luci ahí y le volvió a preguntar si se podía quedar y Luci de vuelta dijo que no. 
Y ahí ya volví a Corrientes, pero todo el tiempo pensando cómo podía hacer para estar cerca,  para seguir conociéndole a Ángel. Hubo algo que me cambió la dirección de todo lo que venía pensando y justo fue el último capítulo de la serie (Mujeres entre fronteras). Quedé varios meses pensando, pensando, pensando, hasta que en un momento dado, dije “me voy a ir a buscarle”, y me fui, pero no sabía dónde vivía, porque no tenía dirección de dónde vivía. Un sábado a la tarde me llevó un amigo, Fran Villalba, que es músico de 7 Cajas y Hoy partido a las 3 también, pero él es de Asunción, y no conocía ni ahí Puerto Elsa. Empezamos a buscar, yo preguntaba por todos lados, había venido una inundación muy grande y me decían que muchas familias se habían ido y que capaz ya no vivía más ahí. Y seguí, seguí, me fui a una peluquería, que pensé acá van a saber dónde vive Ángel, y ahí me dijeron, no sé, tres cuadras para allá y doblás, hasta que llegamos y estaba, ya era la tardecita, y me acuerdo que golpeé las manos y ahí salió, bajó. Nos abrazamos, y me dijo “pasó un montón de tiempo, ya tengo diez años”. Ahí me fui sin cámara con Fran, y hablamos con Luci, y la verdad que ya estaba más tranqui su mamá, y charlamos, y yo le dije lo de hacer una película.”

Ángel Stegmayer: También creo que llegó con la computadora, le empezó a mostrar los videos, estaba Roberto también ahí y le habló también a mamá tipo, “bueno, no va a pasar nada malo”, porque es muy raro en un pueblito como Nanawa que una persona llegue, se interese por vos y te quiera entrevistar, que quiera hacer una película con vos, es algo que no pasa acá, es muy raro.
Yo siempre veía la tele, y siempre quise estar en un programa de televisión. Y como vergüenza yo nunca tuve, ¿verdad? Vi las cámaras (cuando grababan en el mercado) y digo “puede ser mi momento”. Así yo lo creí. Yo quería hablar. Entonces veo que le querían entrevistar demasiado a la gente y si le entrevistaban a ellos, ¿por qué a mí no? Entonces yo quería hablar, quería hablar demasiado, quería hablar demasiado. Y creo que ahí le encuentro a Liz [Haedo], y le pregunto si yo podía hablar, y me dijo que sí. Y ahí empezó ya toda una historia. Entonces, cuando me entrevistaron yo no paré de hablar, no paré de hablar. Y es que cuando le vi a Clarisa sentí una conexión muy diferente a los demás. Cuando hablé con Clarisa y fue más como, “mira, yo te quiero para toda la vida”, ¿entendés? Y usualmente si vos le encontrás a alguien así en la calle va a grabar cinco minutos un documental común y corriente, algo que les va a servir solamente a ellos, “me serviste, gracias”. En cambio con ella no fue así. Fue muy diferente.


VV/SD: De alguna manera la película es un subproducto de ese vínculo.

AS: Sí y yo veo que sin ellos no iba a ser el chico que soy ahora también, me enseñaron mucho a mí. Mis hermanos no me daban esas enseñanzas que me daban ellos. Una persona que yo quiero que me hable siempre es Lucas (Olivares). Así sinceramente, yo le elijo a él. O sea, antes de hablarle a mis hermanos, le hablaba mil veces a él de todos mis problemas, de mi cuerpo, de todo. Y es muy loco, porque una confianza así no se le da a nadie. Nunca tuve una relación así de contar “mira, voy a estar con una chica, no sé qué hacer…”, Lucas me daba esa confianza, ese espacio. Era muy diferente nuestro vivir, Clarisa y Lucas y yo, muy diferente. Y pintaban otros colores cuando estábamos juntos. Para mí lo más lindo del mundo fue encontrarles, o sea a pesar de los problemas que llegamos a tener que por suerte fueron pocos porque casi nunca nosotros nos peleábamos, era muy, muy difícil que nos peleemos en algo porque eso, éramos tres, Lucas era nuestra calma. Cla era la que estaba muy de acuerdo conmigo siempre, conmigo nunca era un no. Y con el tiempo, le conocí a Euge (la productora), que fue como la mamá de los pollitos, “Ángel, esto está mal, esto no, no, acá eso no”. En cambio, yo entonces, era tan buje, bueno, me voy a ir con Cla y con Lucas, y no me van a decir que no, ¿verdad?

VV/SD: Pensábamos también en los límites que implican tener un vínculo con un niño o un adolescente siendo un adulto, juegos que se pueden generan, otros que no, o estar disponible a ciertas lógicas que puede tener un niño, que claramente no es cualquiera, porque Ángel pensaba sobre política, sobre lenguaje y todas esas cosas. Hasta qué punto imponer propias expectativas y las pre concepciones de ese encuentro.

CN: Pero eso yo creo que eso es lo lindo también porque justamente se cae algo y por eso también filmar tantos años. Como dejar de dar una imagen solamente para impresionar.

AS: Empezamos a disfrutar de nosotros y no de la peli, ¿entendés? Fuimos nosotros mismos, nos chupó un huevo si salía la película. Era disfrutarnos en cada momento, las aventuras que teníamos, no es que éramos solamente amigos, nos fuimos convirtiendo en familia y se quedó así. Con Cla no fue un trabajo, fue como una excusa para seguir viéndole.

VV/SD: Queríamos hablar un poco sobre el poner el cuerpo en esta lógica más afectiva, porque no es un documental donde haya una cierta distancia, con un objeto filmado y un sujeto que filma, sino que todo el tiempo hay idas y vueltas y algo que se invierte incluso, hay varios momentos donde es Ángel filmando a Clarisa y Lucas. Incluso en los límites que marca Ángel: “bueno, che, esto mejor no lo filmen, mejor andá para allá o esto lo podemos vivir pero no filmar”.

CN: Creo que fue la segunda vez que fuimos que era el cumpleaños de Ángel cuando le regalamos la camarita y sí, lo primero que hace es darla vuelta y decir “acá vino mi super amiga” no sé qué y después graba a Lucas también. Nos dimos cuenta que era inevitable también ser personajes. Yo creo que algo que pensamos muy desde entrada con Ángel cuando recién arrancamos el proceso es que él iba a elegir las cosas que iban y las cosas que no. Comenzó con una ética así de punto de partida, o sea, jamás se nos ocurriría poner algo que a una persona que queremos tanto no le guste. A nosotras también, hay cosas que nos costó, que por ahí decíamos “uy, qué estúpida acá, saquemos esto”, y nuestras montajistas “no, tienen que estar”.

Lucas Olivares: Yo creo que con respecto a esto cuando comenzamos a grabar y de repente automáticamente Ángel da vuelta la cámara, creo que también nos empezó a desarticular por completo la forma en que veníamos haciendo las cosas, como como si de repente el cine hubiera mutado a otra cosa que después fuimos descubriendo a medida que fuimos haciendo, con muchos aciertos, errores, encuentros, desencuentros, momentos de grabar, momentos de no grabar. Nunca fuimos tampoco con un plan o con una idea específica, sí quizás con juegos, con capaz alguna pregunta, alguna inquietud sobre algo, pero nunca pensamos “vamos a grabar tal cosa” o que queríamos cierto tipo de planos, de hecho todo lo contrario. Quizás al principio discutíamos un poco sobre eso pero después era algo más orgánico, que íbamos descubriendo en el hacer y que también se generaba con Ángel, se proponía una cosa ahí en el medio de todo ese encuentro.

CN: Pero esa cuestión de ética me parece que es vital para establecer una relación, como también hacer una película es una relación, entonces hay ciertas lealtades que pasan más por la confianza, por quererse, por el afecto, más que por dar una imagen al mundo o de satisfacer esos ojos que siempre quieren saber más, que quieren consumir lo que hay oculto en una vida. No es nuestra forma de pensar el cine tampoco, hay un montón de cosas más, tampoco somos la película. Digo, hay fragmentos de nuestras vidas, la vida de Ángel, pero él es mucho más. Es una decisión no mostrar, y cada vez que Ángel no quería seguir grabando, como decían, siempre fue el límite para cortarle cosas. E inclusive cuando tuvimos el primer corte habíamos puesto una escena que nos dijo que no daba, que era medio peligroso, también obviamente la sacamos. 

LO: Igual sí fue muy difícil poder elegir en un momento, porque había muchísimo material, habíamos grabado muchísimas cosas, entonces al principio la película tenía un corte de ocho horas que habíamos hecho con Euge, después se fue acortando de a poquito a poquito, y además también teníamos una relación con el material, que era muy afectiva. 

CN: Era nuestro álbum familiar, todo era valioso.

VV SD: Bueno, esto es interesante quizás para pensarlo, porque si bien es una película que surge del placer y de un vínculo, de algo que es súper puro, también entran en juego un montón de otras cosas: ¿cómo vender la película? 

Eugenia Campos Guevara: Yo creo que tenemos textos muy buenos que se fueron generando con el paso del tiempo, obviamente la película salió ahora, y todo el mundo la conoce ahora, pero la tenemos laburadísima. También es esta forma de narrar más desde las personas y no desde el contexto. No es que decís “Ángel tenía todo tan difícil, y mirá” No, Ángel es un genio, y automáticamente apareció un grupo de gente que lo quiso, y él nos quiso, y se armó una película así, entre todos. Entonces eso ya cambia respecto de otras tradiciones cinematográficas latinoamericanas que tienen mucho más que ver con un decir “en un contexto hostil, un niño…”, que no es la realidad. Y después también cuando estás ahí, es lo que dice Ángel, es un lugar hermoso, encantador, con un montón de gente increíble que aparece en la película, que es parte de la películs. Creo que ese es el diferencial, y como hit así, es verdad que los diez años a todo el mundo le llama mucho la atención, es casi un impulso medio primitivo también, o voyeur. Es como lo mismo que moviliza a ver a Gran Hermano, querer ver qué pasa.
Y esto que dice Clarisa también, nosotros le mostramos el corte antes de cerrarlo a Ángel, ahí es que él dijo que saquemos una escena. Estábamos por empezar la post, y me acuerdo que cuando terminó dijo “yo tenía miedo que fuera aburrida, que solamente me interese a mí, o a los que me conocen, pero es re divertida”, porque estás viendo a alguien, y lo ves muy de cerca, y se nota que no hay mucha manipulación, ese es un atractivo que igual nos sorprende también, porque nosotros teníamos un montón de miedo, y cuando fue el estreno en Visions du réel, que es un festival donde la gente está acostumbrada a ver cosas más largas, o sin una estructura clásica, pero no sabíamos qué iba a pasar, y fue increíble. Estábamos con Ángel en la calle, la gente lo paraba, le agradecía, un señor le dijo “yo tengo un hijo de tu edad”. Ahí nos dimos cuenta también que lo que nos parecía valioso a nosotros había escalado, trascendía.

LO: Yo creo que el gran fantasma, era en un momento la duración…

ECG: Que igual no es tan fantasma, hubo mucha resistencia. 

LO: Pero hubo fantasmas más grandes, porque en un momento con Cla, me acuerdo que dijimos “bueno, ya fue, soltemos” porque no vamos a llegar a la película que queremos pensando en un formato en específico.

VV SD: Es un gesto el decir “la película necesita este tiempo, y necesita este tiempo”, una forma de rechazar cierta estandarización industrial de que las películas tiene que durar máximo dos horas porque sino la gente no la va a ver.

ECG: Y es saber también a quién le molesta eso, porque nosotros siempre supimos que iba a ser una película larga. Obviamente, una cosa son seis horas, y otra es tres y media, no es lo mismo. Pero, ahora cuando empezó todo el recorrido internacional y todo, tuvimos problemas al mandar a muchos agentes de venta, distribuidores que se re coparon con la película, pero decían “yo con esta duración no puedo”. De hecho la estamos moviendo nosotros, no estamos trabajando con alguien, estamos distribuyendo desde la productora y con ellos, pero porque realmente es el gran valor de la película, y es lo que a la gente llama la atención, porque tampoco puede ser una película de una hora y media donde los diez años pasen como un reel. ¿Por qué el mercado lo deja tan de lado, como si fuese una gran amenaza? Hoy al estreno va a venir un montón de gente que no es del cine, y que se copa, que, a lo sumo le decís “che, traete algo para picar en el intervalo, traete un sanguchito, por si se te hace largo” y ya está. Y la gente va, y le resolviste el domingo, digo, está buenísimo el plan. Pero bueno, hay una resistencia, un miedo. Si no es una serie, que dure una hora y media.

LO: En Suiza (en el festival Visions du réel) la vio un nenito de siete años, y no se quiso ir en el intervalo.

ECG: Estaba re copado, y gente grande también. Y también eso, para mi, es un gran acierto del trabajo que se hizo en el montaje, porque la película tampoco se pasa lenta, o sea, es larga, pero no sentís que sea lenta, como que tiene su ritmo, que lo halló.

AS: Pero sí ahí tenían re poca fe, me tenían podrido, llegamos y “ay, no ganamos”. Parece que yo tenía que poner esperanza para los tres juntos. Entiendo que es un choque muy fuerte ir desde lejos y después no ganar. No me importaba en sí esa mala vibra, hasta que casi me rendí en un instante, en el último, cuando estaban por decir el ganador del documental, acá alguien me hizo una cara de “no, bueno, chicos no ganamos”.

LO: ¡No, no fue así! Clarisa me dijo “decile que estaban ganando otro tipo de películas”.

EC: Claro, guerra y esas cosas, y nuestra película es un cumple, con problemas de verdad.

AS: Lo gracioso fue que yo todavía le miraba a Lucas y me empezaba a mover. Hay un momento en que Lucas le mira a Cla y le dice “¡sí!”

LO: Es que estaban hablando en inglés y yo escuchaba “youth” en un momento, y “border”… 

AS: Para mí lo más lindo se siente cuando le decís a una persona “qué te dije”. Más que ganar me gustó decir “te lo dije”, por eso un poquito de fe en algunas cosas yo creo que tenés que tener, tenés que creer nomás. Creo que hay que dar mucha esperanza, en vez de perderla, ¿verdad? Igual, ahora, poniéndome a pensar, sí me iba a agarrar un bajonazo. Algo que me llamó mucho la atención, y me puso muy feliz, es que las personas en Suiza son muy frías, nada que ver con nosotros… ¡Y la gente se reía con la película! Se reían, lloraban.

EC: Sí, salían al final y esperaban hablar con Ángel y él les hablaba en castellano.

CN: Y la gente no entendía un choto pero estaban ahí mirando.

AS: Y lo loco es que yo no puedo hablar despacio o lento, y después te acordás que estás en otro país, ni en Puerto Elsa ni Clorinda, así que tenés que hablar por lo menos lento para que te entiendan. Bueno, yo me dejaba llevar. Pero fue una aventura más, fue maravilloso, un sueño hecho realidad. Y lo loco fue que en la película uno de los sueños míos era conocer un lago, un lago que nunca encontrábamos, que hay en varios momentos… Y vinimos a un lugar en Suiza a conocer un lago, ¿entendés?

EC: ¡Y la gente conectó con eso, con el lago! Hubo una fascinación.

AS: Y parece que el futuro estaba escrito ya, parece que ya era ganar o ganar

VV SD: Una fascinación genuina, desde el acercamiento, de emocionarse con historias reales, cero televisivas, incluso rompiendo con cierta noción exotista que se tiene en Europa del cine latinoamericano, y que a veces lo imponen. Como diciendo “¿cómo una película va a ser así y no como nosotros queremos que sea?”. En ese sentido, es una película muy valiente y se impuso en ese contexto. Eso es muy importante para nuestro cine.

CN: Con esto del acercamiento, y de esta cuestión no exotista, ni nada por el estilo, pasa que tanto Lucas como yo somos de Corrientes y ninguna de las dos es del centro. Realmente no es ver a Nanawa ni a Ángel como algo tan diferente a nosotras. Nuestras matrices afectivas son mucho más cercanas a Nanawa que a Buenos Aires. Obvio que Nanawa tiene complejidades propias, como el tema de la falta de agua o las inundaciones, hasta ahora es un desastre, no hay ni un puesto de salud, tenes que cruzar a Argentina. Hay un montón de cosas producto de un olvido del Estado paraguayo, pero hay muchas cosas muy parecidas, hasta idiomáticamente.

VV SD: Queríamos preguntarles sobre la nueva película que están haciendo (Se queman de la misma forma), que ganó el último concurso del INCAA, con las pocas películas que se están haciendo y la gestión desastrosa que está teniendo el instituto, ¿cómo ven la posibilidad de esa nueva película que están haciendo?

CN: Por un lado, está la cuestión muy increíble de haber ganado. Nos arrojamos a ese concurso, a mandar el guion, como si fuera una botellita al mar que se tirá y ya está. Más sabiendo que hay un grupo de ocho películas para todo el país y que esta es una película que tiene mil cosas muy contrarias a lo que puede ser este gobierno… Decíamos “chau, nunca vamos a ganar”, así que fue muy loco recibir la noticia. Ahora estamos viendo como hacer para conseguir co-producciones, porque no alcanza con ese fondo, será una intriga, y efectivamente será una intriga si el INCAA efectivamente paga. A veces pienso, “¿será que vamos a filmar?” 

EC: Esto es algo más técnico pero el concurso se articuló de manera que, si vos te ponés a pensar, ninguna de esas películas se va a estrenar en esta gestión. Una gestión que en cuatro años no tiene una sola película con apoyo del INCAA que se haya estrenado, porque no dan los tiempos. Las bases del concurso en sí es algo que estamos tratando de negociar, hubo una reunión con los productores del concurso para intentar estirar un poquito los tiempos, porque te dan un año para iniciar rodaje, desconociendo cómo funciona la financiación internacional. Y nuestra película es una para la que el premio representa un 50% de su valor, ¡pero hay otros compañeros que tienen proyectos en los que el premio es un 30%! Hay como un desconocimiento muy grande de cómo funciona la financiación en términos internacionales, vos no podés en un año, levantar un 70% de financiación. Porque no es que el mundo te está esperando a que vos caigas con el papelito del INCAA, como “¡ahora sí, chicos!”  Pareciera que  todo el mundo este año dijo “el cine argentino está durmiendo la siesta por un buen rato”, y ahora de pronto somos ocho proyectos… Nosotras nos estamos volviendo locas, presentando a concursos de otros países, llamando a co-productores con los que tenemos mediana confianza, trabajando a contrarreloj para llegar. Clarisa misma re-trabajando el guion constantemente, y todo el tiempo interrumpida, con un “necesito esto para esto…” Es una demencia ese desconocimiento, es como una desconfianza muy grande de los productores. 
También lo que espero es que empiecen a salir los resultados de los otros concursos, porque hasta ahora se abrieron algunos de los que no se sabe nada. Supongo que va a estar al caer, pero es medio tremendo. También esta idea de que el INCAA puede ejecutar o no el dinero,  ese dinero está ahí y ese dinero viene también de un montón de trabajo de la misma industria. Un productor no puede trabajar con tanta incertidumbre, si a mí alguien me dice “en un año vas a tener esta plata” yo empiezo a preparar el terreno para que en cuando pueda demostrar que tengo esa plata, conseguir más financiación. 
Es una falta de respeto porque es trabajo, no es un premio como el que ganamos en Visions du réel: hiciste la película y esto te puede llegar como no. Es un fomento y es casi azaroso, porque tampoco sabes quien lo lee, porque son anónimos. Y el anonimato, lo que termina generando, es que no haya ningún tipo de conciencia sobre el cupo. De hecho, si ves los ganadores, creo que el 70% son varones y el 80% son de Capital. Entonces si de pronto ganan ocho  proyectos de varones de Palermo nadie va a decir nada porque era anónimo. El cupo finalmente también encubre eso. Hay muchas cosas que funcionan mal y dentro de eso igual somos super recontra afortunadas de tener esto en la mira, era contra todo pronóstico pensar en filmar el año que viene, y ahora tiene que suceder.  Tenemos justo una gimnasia en filmar con condiciones materiales de distintos órdenes.

VV SD: También es injusto que te pongan en esa posición de sentirse afortunada ante el resto cuando hay una ley que viene desde años y es un derecho.

ECG: Por eso, pareciera un castigo y no que hay una política que trasciende las medidas concretas para darle coherencia a lo que están haciendo. A mí lo único que me parece es que no hay que ser derrotistas, sobre todo por la gente que está estudiando cine ahora. El otro día, en una entrevista que me preguntaban sobre este momento, decían “¿qué pasa hoy en día con proyectos como este de largo aliento, cuando el gobierno no apoya?”, y yo decía que solo podés hacer proyectos como este, que tienen cuatro gobiernos que pasaron. También hay que tener conciencia de eso, que los gobiernos van a pasar, no es que definitivamente murió el cine argentino, hay que empoderarse, sino va a ser más difícil armarlo de vuelta. Si se pusieran impuestos a las plataformas no estaríamos discutiendo esto y sería, en vez de un llamado, cuatro, uno de cada categoría, y no tendríamos ningún problema. Hay cosas para las que hay solución, pero no hay voluntad. Y por eso no hay que aflojar, porque sino la voluntad no va a aparecer más.

VV SD: [A Ángel] ¿Te gustaría hacer otra película?

AS: Sí, obvio. Sí. Eso no se pregunta. 
Yo quería grabar, les iba mandando sobre mis trabajos, la inundación, le grababa mucho para ella, juntos salíamos por las plazas, en mis cumpleaños, el carnaval. Aunque a mi me daba vergüenza a veces grabar todo el tiempo, porque es raro y en la calle la gente es muy mala a veces y si no es mala te mira raro, como “quién se cree que es?” con la cámara atrás grabando todo lo que haces. El nombre “el príncipe de Nanawa” se creó como una burla. Yo diría “grabe nomás”, que el cine no sea solo un medio de trabajo, tenés que dejarte llevar por el momento y la cámara, conversar, sentir lo que siente el otro, pueden pasar muchas cosas en esos momentos.  Eso hace la película especial, da otra visión al mundo y también le abre los ojos a Nanawa. Nada es imposible. Para mi sigue siendo muy impresionante que un muchacho común y corriente empiece hacer conocer este pueblito escondido en Paraguay que no es importante en ningún lado, es un pelito así, que no es un símbolo de nada. Me es muy lindo porque la gente se está dando cuenta que puede ser como quiere, ser gay, ser libre, si querés bailar o querés cantar, yo digo que esta película también va a ayudar mucho a que la gente sea como quiere ser en verdad y no otra cosa por obligación de otra persona. Para mí no tiene por qué ser así, yo creo que vos tenés que escribir tu propio futuro y no que el futuro te escriba vos.

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