MANIFIESTO

Juan Rodes. Editor de El Fuego Inextinguible. Nacido el 27 de octubre de 1986 en General San Martín (Buenos Aires). Delegado gremial de comercio. Fue educado por la contracultura hardcore punk. Abandonó todos sus estudios académicos. Realizó diversos talleres de expresión corporal e improvisación teatral. Su personalidad inquieta y ávida por la música lo llevó a trabajar en la prensa de artistas independientes, producción de ciclos musicales propios y shows en vivo. Actualmente forma parte del sello discográfico Discobabydiscos y se desempeña como manager del colectivo artístico Gente Conversando y del proyecto neo psicodélico Marton Marton.

Un hombre trabaja en una fábrica de aspiradoras; todos los días se roba una pieza. Una vez que las reúne intenta armarla, en su lugar se sorprende frente al resultado final: una ametralladora. En El fuego inextinguible (1969), Harun Farocki (Checoslovaquia, 1944-Berlin, 2014) expone la falta de información de los obreros frente al producto terminado. La inexistencia de consciencia sobre los intereses patronales a los que unx sirve con su fuerza de trabajo.
El Fuego Inextinguible surge con la necesidad de pensar y fomentar el arte desde su base, ya que si hablamos de cine independiente pero lo mantenemos aislado estrictamente en esta esfera, lo estamos apartando también de su modo de ser, su origen.

Dice el documental del cineasta checoslovaco: “Cuando el napalm arde, es demasiado tarde para extinguirlo, se tiene que luchar contra el napalm donde se produce: en las fábricas”. Es en el centro de la producción donde pretendemos ubicarnos. Nos acercamos a quienes producen (¿contra?)cultura en los mismos términos, así como también a quienes la reciben. Es menester fomentar los circuitos independientes en general, no dejar que se apague su llama.

Farocki habla del napalm pero también se está interrogando acerca del arte. Piensa en la potencia de las imágenes, la urgencia de ponerlas en circulación pero también en cuestión. De dudar de las verdades establecidas y las voces que pretenden la clausura de la reflexión. Por eso un espacio como este, en donde personalidades de distintos ámbitos culturales aportarán sus particulares perspectivas sobre películas y documentales.

Raymundo Gleyzer planteaba la idea del cine como un arma, como un instrumento de información; a esto hay que sumarle el debate. Y este debate no debería quedar en las voces privilegiadas ni en las que compiten en su intento de alcanzar el capital simbólico necesario para su legitimidad, sino en las que fomentan la democratización de las miradas. Tender puentes, socializar la información y los puntos de vista es nuestro fin último.

Esta sección la pensamos como un espacio para que el fuego inextinguible sea el que nosotros queramos prender y no el que produzcamos sin saber. Esta puesta en común apela a un diálogo colectivo, donde el cine no encuentre en el mismo cine sus límites, sino que tienda a la toma de consciencia respecto de lo que hacemos. Como una lucha contra los ojos y la memoria que se cierran frente a la individualidad.

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