UN CUERPO SIN FRONTERAS: “CON NOMBRE DE FLOR” (2019), CARINA SAMA #CINEAR


por Mercedes Orden

Se me salió un taco,
se me corrió el rímel,
se me atascó la voz,
pero nunca el sueño.

Susy Shock, Poemario transpirado

En la escuela siempre enseñan que San Martín cruzó la cordillera de Los Andes a caballo, pero en 1939 Malva la cruzó a pie. Camino que decidió emprender a sus diecisiete años acompañada por un grupo de adolescentes con quienes compartía el espíritu aventurero y el deseo de dejar atrás una vieja historia. ¿Se cuenta eso en las escuelas? ¿interesa a la educación formal argentina hacer un recorrido sobre los (mal)tratos a la comunidad trans a lo largo de las décadas o se cree que dicho maltrato no forma parte de nuestra historia?

Carina Sama (Madam Baterflai, 2013) pone en primer plano a Malva, travesti de 95 años, nacida en Santiago de Chile bajo el nombre de Octavio y renacida otras tantas veces. Una de ellas, cuando llegó a Buenos Aires, donde lo que encontró no fue lo que esperaba. Avenida Corrientes no era como en las películas, no encandilaban las luces de las marquesinas sino que dejaban en evidencia todas las miserias de una sociedad que tendía a reprimir lo que se desviaba de la heteronorma, criminalizándolo, acusándolo de amoral. Represión que la llevaría a la cárcel de Devoto en reiteradas oportunidades, donde también volvió a nacer y fue bautizada con el nombre de una flor.

El documental se construye a partir de la falta, de las charlas y retratos que quedaron pendientes entre Malva y la directora ya que la protagonista falleció mientras la película era aún un proyecto y un puñado de entrevistas hechas a modo de ensayo. Apenas el principio de una serie de encuentros que iban a dar con un retrato completo acerca de una modista de teatro de revistas que hizo de su corporalidad y sus deseos un modo de resistencia y militancia. Estos pocos registros filmados le permiten a Sama hacer un repaso de la vida de su protagonista e incluso captar algunas conclusiones esbozadas en sus últimos días mientras se encontraba en un hogar de ancianos al que, según cuenta, accedió gracias a la gestión de Alicia Kirchner, cuando estaba al frente del Ministerio de Desarrollo Social.

A pesar de las escuetas horas de filmación, Con nombre de flor lleva a cabo múltiples retratos. De manera que tenemos la oportunidad de encontrarnos con Malva en la comodidad de su casa en el barrio de Villa Urquiza, a donde volvía los fines de semana. Allí se la observa compartiendo mates con la directora y recostada en su cama mientras cuenta anécdotas o repasa historias de represiones como una constante a lo largo de dictaduras y democracias. Casa que tuvo que dejar a causa de la soledad, de haber perdido a gran parte de sus amistades, al menos, con las que se reencontraba en Devoto o compartía los días de carnaval. Esa época del año en la que se le permitía vestirse de mujer, ser ella sin censuras.

El carnaval es evocado como un tiempo de descanso, como el lugar donde las relaciones de poder parecían ponerse en suspenso. Donde las personas se permitían jugar a ser otras, aunque Malva jugaba a ser quien era, a poder desplegar sus deseos acotados a un puñado de días. El carnaval, en tanto segunda vida -festiva- acercaba una ilusión de igualdad a partir de incluir al pueblo, como un acto liberador en donde ella encontraba un espacio que no tenía habilitado el resto del año.

Carina Sama entiende la potencia del personaje elegido y ayudada por la activista -y amiga de MalvaMarlene Wayar, emprende un viaje por diferentes territorios y tiempos para lograr rendir homenaje a una travesti de 95 años -dato que resulta llamativo ya que el promedio de edad dentro de la comunidad es apenas de 35 años-. De ella se nos habla, que cayó presa por primera vez a comienzos del peronismo, trabajó en gastronomía, vistió primeras figuras, viajó buscando su libertad, pudo escribir su historia y ver parte de sus sueños materializados en la ley de identidad de género.

Con nombre de Flor propone un relato respetuoso y con un interés genuino. Frente a un escenario donde aún predominan recortes homogéneos a la hora de recuperar las voces de la tercera edad -mientras se sigue pensando en términos binarios y hegemónicos- el documental funciona para exponer cierta tendencia a negar las disidencias, las voces como la de Malva. Sama, apoyada en un cuantioso material de archivo, propone un recorrido que aún falta desarrollar en estas representaciones de la vejez a la vez que construye en plena observación del cuerpo en su resistencia.

Argentina, 2019
Dirección y guion: Carina Sama
Distribuidora: Carina Sama
Producción: Sofía Toro Pollicino, Carina Sama
Dirección de Fotografía y Cámara: Carina Sama
Edición: Camila Menéndez
Música Original: Félix Sama
Documental
62 min.

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