POR EL FINAL: 80 AÑOS DE RAYMUNDO GLEYZER

por Mercedes Orden

Es cierto que ya nadie
podrá acallar la luz de tus películas!
Ni tus asesinos,
ni el silencio,
ni la soledad de un armario.
Ellas son parte
de nuestra memoria colectiva,
de la Historia,
de la lucha,
de la liberación!
En ellas está viva la inocencia,
el amor al ser humano,
lo que le duele al enemigo..
.

Jorge Sanjinés. «Memoria de Raymundo Gleyzer». La Paz, abril de 1985

En «Si la rosa es verde (apuntes para un aniversario)»1 escribe Fernando Birri: «Entonces entendimos todo claro, discutimos y dijimos que había que empezar por el final». Le habla a Raymundo Gleyzer -desaparecido un año antes-, nos habla a nosotros/as para contar, para dejar testimonio en modo de poesía, de cómo fue ese encuentro entre directores en Italia donde sus personalidades y métodos de trabajo hallaron un punto en común en la necesidad de comprender que antes de cómo producir, había que pensar cómo exhibir. El sentido de hacer films debía pensarse en relación a ese «cómo».

Dice Birri: «El cine de la dependencia (la cultura de la dependencia) no se podría independizar sino a partir de su público». Pensar el cine como una acción para la toma de conciencia, idear canales de distribución y exhibición para que sus obras no queden en pequeños círculos de cinéfilos e intelectuales, o en grandes festivales, si no alcanzar la Base, que era a la vez protagonista y destinatario. Acercar las películas a las fábricas, a las villas, a los sindicatos fue una prioridad para Gleyzer y el grupo Cine de la Base, quienes confirmaban con su trabajo y compromiso político-social que era en esos escenarios donde se tenía que repensar la situación de oprimidos en un intento por cambiar su condición -diría el Grupo en una entrevista: nuestro compromiso no es con el cine sino con la revolución-.

En el texto «Se los traga la tierra»2, Eduardo Galeano escribe: «Raymundo Gleyzer ha desaparecido. La historia de siempre. Lo arrancaron de su casa, en Buenos Aires, y no se sabe más. Había hecho películas imperdonables». Poner el eje en la desigualdad, la pobreza en América Latina, la burocracia sindical, los rostros de los fusilados en Trelew, la situación de los obreros metalúrgicos de la fábrica INSUD fue lo que los militares no pudieron aceptar, lo secuestraron el 27 de mayo de 1976. Los films que, como el director aseguraba, eran para vivir mejor no fueron arrancados. Ellos nos dejaron un modo de ver y de hacer, de pensar junto a los/as demás, un camino hacia las utopías de América Latina. De comprender el concepto colectivo que excedía al grupo y llegaba a un destinatario activo con quien había que discutir, acompañarse y luchar para acabar con esa situación desigual.

A ochenta años de su nacimiento, recordamos a Raymundo desde el final; desde lo que justifica el resto; desde la observación de la clase obrera y el modo en que la explotación cobra diferentes formas, pero logra perpetuarse. El cine como arma de contrainformación fue lo que no le perdonaron, uno que caminó, con amor y respeto, junto a los/as otros/as, porque como dijo el director: «Es cuestión de elegir: estar jodidos con el pueblo o hacer un trabajo completamente inefectivo».


1 Raymundo Gleyzer. Documentos/ testimonios. Ed. Cinelibros. Montevideo, 1985

2Galeano, Eduardo. Días y noches de amor y de guerra. Montevideo,  ARCA, 1985

La obra restaurada de Raymundo Gleyzer se puede ver en Octubre TV:

https://octubretv.com/director-directora/raymundo-gleyzer/

Fuego eterno (dirigido por Cynthia Sabat)

https://octubretv.com/videos/peliculas/fuego-eterno/

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