PONERSE LA CAMISETA: “FIDEL, NIÑO VALIENTE” (2021), DE MARIO VERÓN

por Mercedes Orden

Es navidad y en otros cielos, la pirotecnia brilla. En otras casas, las familias comparten la cena, brindan y se abrazan. No en la de Fidel que está solo con su caballo y lo acaricia. Uno a otro se acompañan, son refugio y esperanza.

Fidel, Niño Valiente (Fidel Mita’í Py’a Guazú, Mario Verón) se nutre de los pequeños momentos de inocencia para construir un relato de un niño jinete que se ve obligado a abandonar su Paraguay natal junto a su hermano para trabajar como peón en Misiones y así lograr una ayuda económica para llevar a su madre que lo espera del otro lado de la frontera. El relato avanza entre el documental y la ficción como si fueran dos terrenos sin alambre divisorio. El recurso de la luz natural permite observar los tiempos lúdicos, pero también los espacios cubiertos por las sombras y las noches. Los contrastes se confirman no solo en el plano estético sino también temático.

El presente de Fidel en la localidad de Puerto Libertad es atestiguado entre la felicidad y la soledad, entre las carreras con su fiel compañero de carreras “El Che” y el trabajo mal pago. La libertad en la selva misionera cobra la forma de una tierra húmeda, la camiseta de Diego Maradona que el joven luce con orgullo, un caballo al cual cuidar y algunas conversaciones con los hombres del lugar a partir de las cuales Fidel comprende su realidad.

El conflicto que recorre el relato –además de un caballo malherido- es el del reparto desigual de los recursos entre la empresa multinacional  Alto Paraná S. A.  y los campesinos organizados en el “Movimiento Sin Tierra Libertad” . Esa desigualdad de condiciones apenas se nombra, pero la carencia es percibida en cada escena, como cuando la lluvia llega y golpea los terrenos donde no hay nada por hacer, solo esperar que pase, ver las gotas y saber que eso en algún momento va a ocurrir. Aunque tarde, aunque genere más hambre.

Verón construye una narración que gira en torno a lo popular hablada en guaraní donde el protagonista enfrenta la vida buscando entre sus ilusiones y su compromiso, la niñez y la adultez, los modos de escapar a un presente que no entrega demasiadas posibilidades. El director, así como su protagonista, también se compromete con sus personajes al acercar una historia inspirada en situaciones que suelen estar carentes de pantallas por situarse alejadas del centro, invisibilizadas tantas veces incluso desde la formulación de la idea.

El tiempo que pasa tiene el sabor de la nostalgia, de esa edad donde la vida se materializa en los juegos, y la amargura de esas realidades donde las necesidades básicas se encuentran insatisfechas. La cámara se mueve, al igual que el niño, por territorios que no parecen estar del todo firmes y nada resulta seguro. Salvo los gestos, la ternura de este cine que crece a lo largo del relato, al igual que Fidel.

Argentina, Paraguay (2021)
Dirección: Mario Veron. Producción: Mario Verón, Osvaldo Ortiz Faiman. Elenco: Fidel Cantero, Érico Cantero, Enrique “Yuka” Caballero. Asistente de Producción: Johanna Paramos Santa Lucia. Montaje: Javier Di Pasquo. Director de Fotografía: Pablo Bruzzone. Asistente: Carolina Sejas. Foto Fija: Bárbara Rayker. Asistente de Dirección en Argentina: Octavio Romero. Asistente de Dirección en Paraguay: Juan Manuel Zaldua. Postproducción: Sonido Salió. Postproducción color: Juan Manuel Zelanda. Duración: 74 minutos

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