CON LORENA VEGA AL FIN DEL MUNDO. ESCRIBE: JOY CANTIERI

por Joy Cantieri

Conocí a Lorena Vega como se diría “de rebote”, en plan VOY A VER TODO LO QUE HAGA VALERIA LOIS. Fui a verlas en La Vida Extraordinaria en Timbre 4, y más que amor a primera vista, fue un VOY A VER TODO LO QUE HAGA LORENA VEGA a primera vista. Y en ese plan, este domingo la fui a ver Las Cautivas, con Lorena y Laura Paredes en el Teatro de La Ribera.

Tanto en La Vida Extraordinaria como en Las Cautivas quedé con la mandíbula por el piso con la potencia de las protagonistas. Excede la buena interpretación, excede el timing, excede la presencia escénica y hasta la misma historia. Son puro fuego en el fin del mundo.

En La Vida Extraordinaria vemos la historia de la amistad de Aurora y Blanca, que abarca desde el origen del universo hasta su fin, partiendo de la premisa de que la vida es un milagro, también lo más normal del mundo. Todo lo que se hizo y deshizo fue para este aquí y ahora. En Las Cautivas vemos la historia de amor de Elegida y Atala (nombres elegidos por ellas mismas, alejándolas de las Celine y Rosalila que les asignaron al nacer), que es un amor que no tiene un nombre en común, porque la única lengua en común es la literal, la física, que lleva a Atala a la revelación de la divinidad para la que es mensajera, y le da una razón para vivir y morir.

En ambas obras -dirigidas por Mariano Tenconi Blanco– vemos mujeres dispuestas a todo por su deseo, dejando atrás absolutamente todo, excepto a la otra. La otra va a estar ahí para siempre, más allá de la existencia. La vida es una circunstancia, y la van a llevar a la rastra para donde las lleven sus ganas.

La comicidad parte del ritmo y de lo absurdo del contexto. Surge en complicidad con los músicos y músicas BRILLANTES que acompañan en vivo y se vuelven personajes. Rompe y vuelve frágil la tensión de lo insoportable de esas rutinas extraordinarias. Nos reímos con incomodidad de la repetición, de lo estúpido de la poesía, con la incertidumbre de que se rompa la cuarta pared para preguntarnos algo super básico y no saber qué responder. Nos reímos cuando termina la función y nos damos cuenta de que ahora somos suyas y suyos, y aplaudimos y gritamos.

Por último, me voy a ofender muchísimo con quien corresponda si no le dan un premio de alguna academia a LA VOZ de Lorena Vega. Blanca tiene la dulzura agudita y acelerada de las películas de los 70, y Atala tiene una profundidad que le sale del centro del estómago y te retumba en la nuca, y tiene el ritmo de quien tiene todo el tiempo del mundo.

MI-PA-IS

Foto de cabecera: Carlos Furman

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