por Mercedes Orden
Organizar el pesimismo, exponer a los pueblos pese a todo.
Georges Didi-Huberman
Un preámbulo:
“La clase trabajadora y la clase empleadora no tienen nada en común. No puede haber paz mientras el hambre y el deseo se hallen entre millones de trabajadores y los pocos que conforman la clase empleadora disfrutan de todas las cosas buenas. Entre estas dos clases una lucha se debe dar hasta que los trabajadores del mundo organizados como una clase tomen posesión de los medios de producción, acaben con el sistema de jornal, vivan en armonía con la tierra”.
Detrás de los intertítulos, un plano general atestigua el abandono y el rasguido de una guitarra acompaña lo que dura esta introducción. En An Injury to One (2003) vemos las nubes moverse para confirmar el paso del tiempo frente a un escenario en apariencias detenido. La voz de Travis Wilkerson se establece con la potencia de su marca autoral. Imágenes, música, voz y palabras enfatizan el despojo en un territorio vuelto inhabitable a causa de un modelo cuyo objetivo fue: «atrapar, explotar, minar y huir». Durante 53 minutos se relata lo acontecido en Butte, un pueblo de Montana donde se estableció la empresa minera Anaconda Copper Mining Company a finales del siglo XIX. El resultado: desaparición de las disidencias, ganancias empresariales de 25 billones de dólares por la extracción de cobre, 10.000 mineros muertos, una catástrofe ecológica y el asesinato del sindicalista Frank Little.
Un manifiesto audiovisual se propone contra el capitalismo extractivista, un ejercicio a contrapelo ya que como se afirma, la historia de Anaconda, la de los diarios y espías de la compañía, se convirtió en la historia oficial —y en la única que ha quedado sin destruir—. El film se detiene en el rostro de los vencidos, del sindicalista con sombrero y mirada desafiante, integrante de la Industrial Workers of the World, asesinado tras su intento de organizar a los trabajadores explotados. Wilkerson reflexiona acerca de las transformaciones en Butte a partir de la aparición de Anaconda: “De negocios cerrados a negocios abiertos, de la credencial del gremio a la credencial de la empresa, de negocios colectivos a negocios individuales, de entendimiento entre industrias a ningún tipo de acuerdo en absoluto, de necesidad mutua y buena voluntad a revueltas y militares controlando las calles, de cooperación y afecto al odio y la desconfianza, de 17.500 trabajadores mineros a 17.500 mineros desorganizados”.
¿Qué historias construye un pueblo? ¿Cuáles conocemos? ¿Dónde se gesta su resistencia? ¿Cómo se la aniquila? An Injury to One apunta contempla el corazón negro de Montana y de una nación, excava el escaso archivo de este período con el fin de construir un documento sobre el testimonio ausente. El director interroga un espacio olvidado donde no hay voces más que la suya y fuentes de los vencedores a las que acude para revisar el modo en que se ha sostenido la historia oficial de este pueblo. Encuentra las denuncias de Little, recupera sus palabras, da las coordenadas: “Gracias al rol del dinero en nuestra sociedad, la libertad de expresión no es libre. ¿Si no podemos hablar, cómo vamos a discutir? ¿Si no podemos discutir, cómo vamos a inventar?”. Las imágenes en cuadro son en su mayoría planos generales de un tiempo actual deshabitado a causa de la destrucción. Es la herida abierta, los paisajes de la derrota sobre los que se asume lo faltante: la vida humana. Un vacío enfatizado al retomar el cancionero minero que ya nadie canta, porque no están sus voces, solo las letras y la guitarra que acompaña. Los rostros de los mineros son exhibidos para situarlos como los verdaderos protagonistas de esta historia, para devolverle la vida a un pueblo moribundo donde se confirma una lucha perdida, una ganancia adquirida y una fuga.
Al igual que el resto de la filmografía de Wilkerson, este film llega hasta nuestros días no tanto como una botella arrojada al mar sino, más bien, como una molotov que origina un incendio cuando impacta en destino. Imágenes de tierras devastadas, de un pueblo trabajador en su mayoría desaparecido, de un tiempo detenido a causa de la ambición desmedida, reverberan en el presente argentino, frente a políticas tales como la reforma de la Ley de Glaciares. Crueldad entre tantas, donde el capital transnacional atenta contra las reservas naturales al exigir flexibilizar la extracción de los recursos necesarios para que sus máquinas continúen funcionando. Si el lema sindical era: An injury to one is an injury to all (Un daño a uno es un daño a todos), en el escenario actual el “todos” pareciera ser una figura cada vez más borrosa, y el “uno”, el imaginario que se impone como lo único posible. Del mismo modo que ocurría en medio de la persecución macartista, el objetivo vuelve a ser quebrar la potencia de los lazos y establecer lo individual como el horizonte a salvar.
Si no es el predador de Anaconda la forma que asume hoy el capitalismo, habría que preguntarnos cuál es su cara. Quizá no sea una sola, sino que al estilo Cerbero en la mitología griega, varias cabezas componen un cuerpo monstruoso. En ese caso, posiblemente, uno de sus rostros sea el presidente de Estados Unidos afirmando sin tapujos: «Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás». Lejos queda el lema que titula la película. El daño de la mayoría pareciera ser la victoria de unos pocos.
