TU SANGRE NO CORRERÁ EN VANO

por Mercedes Orden

Abiertas heridas
sobre la piel del tiempo.
¿Cicatrizan?
Los días 
depositan sus vendas.
Se alisan y se lavan
rastros sanguinolentos.
¿Se recobra el herido?
—Sí, totalmente.—
(Aunque al caer la noche
la herida sangra
a veces.)

Circe Maia, “Cicatrices”.

El 8 de noviembre de 1969, en el marco de la inauguración de la Cinemateca del Tercer Mundo, Mario Handler, Mario Jacob y Marcos Banchero estrenaron Liber Arce, liberarse, sobre el asesinato del líder estudiantil uruguayo ocurrido el año anterior. Producido por el Departamento de Cine del Semanario Marcha, el documental de diez minutos de duración hilvana palabras e imágenes en blanco y negro desprovistas de banda sonora. El tema y la forma coinciden con los documentales de denuncia que estaban emergiendo como parte del Nuevo Cine Latinoamericano: la estética militante, la crítica al imperialismo norteamericano, la reivindicación de las revueltas estudiantiles, el testimonio de la represión, el uso de placas negras e intertítulos blancos al estilo ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) y el rostro de Ernesto “Che” Guevara pintado en un muro emparenta esta producción con tantas otras de su generación. Al recuperar las palabras del referente argentino, asesinado en Bolivia en 1967, los directores establecen un hilo de unión donde Arce y Guevara se erigen como símbolos y mártires de la región. En medio de un camino hacia la liberación interrumpido por la violencia, sus nombres se tornan estatuto colectivo y devienen objetos sacrificiales ante la caída en lucha.

En el documental, la figura de un niño de origen humilde insiste y es ubicada próxima a la imagen de una entidad bancaria y a la de una olla popular, señalando así una relación de causalidad entre la acumulación del capital y la pobreza estructural. A esta asociación se suman otros acontecimientos ordinarios tales como el desarrollo de un partido de fútbol, una subasta de ganado, desfiles militares, los cuales abordan la distracción y alienación de la vida cotidiana. Las imágenes son intercaladas con frases que refieren a la desigualdad que aqueja al país, a la represión como medida de gobernabilidad y al modo en que Estados Unidos interviene en las decisiones políticas, factores que empujan a lxs estudiantes a salir a la calle. La miseria percibida sobrevuela un contexto donde se deja al descubierto la incapacidad de mejora. Tal como había sido expuesto por Ugo Ulive pocos años atrás en el cortometraje Como el Uruguay no hay (1960), el presente oriental retratado dista de ser la próspera imagen del país que alguna vez se bautizó como la Suiza de América, a la cual Handler, Jacob y Banchero añaden el prefijo «ex».

Un año antes, en paralelo al Mayo francés y a la Masacre de Tlatelolco, Handler estrena Me gustan los estudiantes, un cortometraje de seis minutos de duración que testimonia las protestas estudiantiles ocurridas en Montevideo al ritmo de la voz de Daniel Viglietti. En una entrevista realizada por Octavio Getino, el director refiere: “Lo único importante desde el punto de vista estético es para mí haberme incorporado a un cine de agresión, es decir, un cine que es directamente panfletario y no es demostrativo. Se supone que las otras películas son demostrativas y analíticas. Esta no es analítica, toma partido a favor de una lucha popular, como era la de los estudiantes, y nos concentramos en lo de los estudiantes por la oportunidad histórica de que en ese momento las luchas más fuertes eran las que llevaban los estudiantes, o sea que la película llegó a tener la importancia de responder a un momento histórico y salir en un momento histórico totalmente apropiado. La película por ello es totalmente de actualidad”1.  En este film de carácter urgente, la música es interrumpida por el silencio que acompaña la observación de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OEA, organizada en Punta del Este, donde se hicieron presentes numerosos mandatarios de la región junto a Lyndon B. Johnson.

Líber Arce, liberarse —ganador del Premio Joris Ivens, en el Festival de Leipzig, de 1970— recupera ese silencio espeso que contrasta con el clima de agitación callejera. Las placas negras contextualizan: “Líber Arce, militante de las juventudes comunistas, estudiante de odontología, feriante, de 29 años fue herido por el oficial Enrique Tegiache el 12 de agosto de 1968. Dos días después a las 10 y 35 Líber Arce moría”. En el montaje se alternan imágenes de su joven rostro con mirada desafiante junto a otro primer plano del mismo ensangretado tras ser alcanzado por un misil policial. En la repetición insistente de las dos fotografías se confirma el protagonismo de este hombre cuyo destino se universaliza en el encuentro con otras imágenes que exponen el destino de otros jóvenes de países remotos que lucharon contra un mismo enemigo. El documental testimonia el funeral multitudinario donde miles de personas se reúnen a despedirlo. Un cartel informa: <<El compañero Líber Arce ha muerto. Pueblo: a la lucha>>. Otro cartel ruega <<SILENCIO>>; alrededor un puñado de flores para el mártir y detrás, las pintadas en la pared de la Universidad de la República exigen la renuncia de los responsables. El silencio fúnebre es también una decisión formal del cortometraje: ya no hay motivos para cantar porque ha muerto el primer líder estudiantil a manos de la represión. Junto a la figura ausente una frase escrita en tiza clausura el documental: “Arce tu sangre no correrá en vano”.


  1.  “Pobreza y agitación en el cine. Entrevista de Octavio. Getino a Mario Handler”, en Cine del Tercer Mundo, año 1, 1 (oct. 1969), pp. 73-74: https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/bitstream/123456789/11951/1/c3nN1.pdf ↩︎

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