EDITORIAL

LA LLAMA COMPARTIDA


Mercedes Paula Orden.
Nació en Lanús, en 1988. Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA), tesina de grado: “Andréi Tarkovski: el cine como crítica de la técnica”. Integrante de ACCA, Asociación de Cronistas Cinematográficos. Participó del primer Taller de Crítica y Jurado Joven, en el marco del 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Fue directora del sitio Cinema Sonor, columnista en LPS Radio y editora en Revista Caligari. Formó parte del libro Cuadernos de crítica 01. Un nuevo mapa latinoamericano (compiladores: Marcelo Alderete y Cecilia Barrionuevo) con el ensayo “Adirley Queirós: ficción y realidad en el sometimiento”.

“Brasil: ochenta millones de habitantes se reparten ocho millones quinientos mil kilómetros cuadrados, pero no muy equitativamente. El ochenta por ciento de las tierras cultivables pertenecen al dos por ciento de los brasileros”. En La tierra quema (1964) el análisis crítico se establecedesde el comienzo mientras una voz off avanza con la descripción de la pobreza estructural en el Nordeste brasileño, una zona que define como su “faja de olvido y de muerte”. Allí está Juan Amaro, un campesino que llegó a esas tierras con su compañera y once hijos de los cuales, en el presente de la enunciación, quedan solo cuatro. Trabaja la sequía, junto a esa mujer que más tarde, dentro del rancho, intentará utilizar un par de gotas de agua para preparar algo que alimente a esos niños que cuelgan de su falda.

En este sector donde la esperanza de vida es de veintisiete años, el dato de la minoría no es mera descripción demográfica, sino parte de un texto expositivo cuya finalidad implica comprender la miseria que obliga al éxodo campesino. La concentración y desigualdad distributiva de las tierras está en relación directa con la desigualdad económica y social. Ayudar a que el pueblo comprenda su lugar en las relaciones de poder e intentar revertir la situación fue parte del trabajo que llevó adelante Raymundo Gleyzer (1941-1976), director de cine, militante del PRT/ERP y desaparecido durante la última dictadura cívico militar clerical en Argentina. Junto a sus compañeros y compañeras de Cine de la Base, comprendió su lugar y la responsabilidad de acercar las películas a las clases populares, como invitación a pensarse y proponer un espacio de reflexión y una herramienta de discusión. El pueblo -en tanto campesino, obrero o militante- era tema pero también el público destinatario. Consciente de que la base no iba al cine, el grupo buscó nuevos canales de distribución y exhibición, llevando las películas a las villas, los sindicatos y las fábricas.

Pasaron más de cincuenta años y el cine de Raymundo no envejece. Si bien los contextos han cambiado, la desigualdad y explotación se mantienen. Hoy la tierra quema de forma literal con focos que se encienden a causa de los agronegocios de una mano ambiciosa que provoca ecocidios. Ambición de esa misma minoría que denunciaba el director: una que cambia sus máscaras pero se reproduce y conserva su poder. Frente a esta situación, la crítica de cine no se puede mantener indiferente. Del mismo modo que Gleyzer comprendía la potencia de las imágenes y al cine como una herramienta de contra-información, resulta necesario seguir pensando el poder de la palabra, el proyecto colectivo, y no reservarlo a grupos aislados que lo hacen y otros que lo analizan.

Inspirada en ese cortometraje que el director quiso que se reconozca como el principio su obra, esta página surge como una toma de posición, comprendiendo que las películas no son productos lingüísticos cerrados sino discursos sociales que por su naturaleza, circulan y en esos recorridos se enriquecen. Un punto de mirada a partir del cual seguir construyendo una crítica coherente para acompañar y promover principalmente el cine independiente, social y político, una invitación a quienes nos lean para seguir defendiendo las producciones de la región sin olvidarnos de sus condiciones de producción y pensándonos de manera conjunta.

Agradecemos a Juana Sapire y Cynthia Sabat por el apoyo, por el cariño y compromiso para seguir dando a conocer la obra de Raymundo. Por último, solo resta decir: Compañero Raymundo Gleyzer, presente, ahora y siempre.


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