CAMBIO DE PLANES: “ENTREVIDAS” (2018), PABLO DOUDCHITZKY #CINEAR

por Mercedes Orden

Dos adolescentes interpretan “Titanium”, la canción de David Guetta y Sia. La pista falla, y el público presente repite: “va de vuelta”. Hay segundas oportunidades, de eso trata Entrevidas, documental de Pablo Doudchitzky donde el pasado vuelve a través de un material casero revisado desde una voz en off que emprende un camino de lo particular a lo colectivo encontrando en vidas disímiles un punto de unión.

El relato comienza a modo autobiográfico como una especie de carta fílmica de un padre hacia su hija. Pablo repasa la infancia de Guadalupe; el primer tiempo, el sentimiento de alegría e incertidumbre frente a un contexto económico, político y social caótico como fue Argentina en 2001. Luego una mudanza, épocas complejas y un punto de quiebre: la separación del director lleva a la pequeña a mudarse a España junto a su madre en 2008. El deseo obsesivo de atestiguar su crecimiento y los momentos compartidos es solo una primera intención que muta cuando algo ocurre en la vida personal del hombre: un colapso hepático fuerza la historia a dar un giro.

El plan original – una película que se llame “Tres veranos con mi hija”- queda trunco cuando la salud enfrenta al director a una nueva realidad: el tomar consciencia de lo que implica ser un sujeto trasplantado. “Esperar un donante es una cita a ciegas, sin garantías”, afirma ahora, en plena revisión del pasado. Hecho que lo lleva a contactarse con otras personas de distintas franjas etarias que estén o hayan atravesado situaciones similares. Querer conocer sus vidas, el núcleo familiar, el modo de asimilar el proceso, se convierten en las nuevas intenciones de esta producción. Entrevidas se plantea como una historia íntima que deja de serlo al alcanzar la propuesta de concientizar acerca de la importancia de la donación de órganos, de poder salvar a otros/as, pero también -como lo cuenta Oscar Castellucci, el padre del joven asesinado por un patovica en el local bailable de Lanús “La Casona”, en 2006- de resignificar la propia pérdida del ser querido.

Los aeropuertos, las camillas, las autopistas, forman parte de un mismo concepto. El viaje, en tanto eje organizador del relato, no es pensado solo desde el punto de vista físico sino también temporal comprendiendo ambos sentidos a partir de los cambios que producen en quienes los transitan. El pasado y presente conviven. La beba del departamento de Caballito es ahora una adolescente que, al igual que su padre, encuentra en el arte una forma de expresión. La idea del trasplante vuelve como una metáfora acerca de las mudanzas y de las experiencias afrontadas por el director y su hija.

Doudchitzky crea un documental desordenado e inquieto como la vida misma, que parece no saber cuándo va a terminar, y quizá no esté a la búsqueda de ese punto final sino de proponer nuevos interrogantes en sus espectadores e invitar a reflexión acerca del acto de pensarnos en tanto sujetos sociales, y no dejar que lo individual olvide el ser en relación a los/as otro/as.

Dirección y producción: Pablo Doudchitzky. Guion: Pablo Doudchitzky, Omar Ester, Gustavo Lencina , Malena Pardo. Cámaras: Martina Solaberrieta, Pablo Doudchitzky, Valeria Uhalde. Dirección de montaje: Omar Ester. Edición: Valeria Uhalde,  Martina Solaberrieta, Lucas Barzola y Giselle Carrasco. Sonido directo: Martina Solaberrieta. Postproducción de sonido: Tomás Meszel, Juan Cruz Goldín. Duración: 68 min.

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