EN GUERRA CON EL CIELO: «NUCLEAR FAMILY» (2021), ERIN WILKERSON, TRAVIS WILKERSON #MARFILMFESTIVAL

por Mercedes Orden

Una obsesión se plantea como un paralelismo entre dos viajes a lo largo del Oeste estadounidense. El primero es un recuerdo de Travis Wilkerson junto a su familia cuando era adolescente, el segundo, en tiempo presente, atestigua una nueva aventura que emprende junto a Erin —codirectora y pareja— sus tres hijes y un perro. La idea de visitar los mismos lugares se vuelve necesario para seguir pensando su pasado, pero también el de su país, entre la historia familiar y la colectiva. El enemigo ha cambiado, ya no son los comunistas la amenaza que señalaba su madre, sino una cuestión interior y con otra complejidad: el peligro es parte del engranaje imperialista del país. La vuelta se convierte en una oportunidad de poner en diálogo sus pesadillas, pero también para comprender un presente donde la posibilidad del fin de la existencia se ha convertido en un tema de agenda, en un miedo continuo y colectivo confirmado en la emergencia de nuevas y variadas narrativas del apocalipsis.

«Pensamos en hacer una parada para ver uno de los silos de misiles en los que guardan los misiles balísticos intercontinentales que mantienen fuerte a nuestro país y que nos protegen de los despiadados comunistas», dice la madre en la grabación casera de Travis antes que el joven parta a la universidad. «¿A cuántos comunistas crees que puedan matar?», pregunta la mujer a su esposo, con una fascinación casi orgiástica de solo imaginar la magnitud de esos misiles. Hecho que dejó tranquilo al director por más de treinta años cuando las pesadillas volvieron y se vio obligado a llevar a su familia a lo largo de otro «viaje nuclear».

Nuclear Family es un documental donde la crítica política abunda —claro que no esperaríamos otra cosa de Wilkerson—. Las anécdotas, los rincones donde se detienen, las inquietudes acerca de los silos nucleares, los detalles que observan permiten analizar esa tierra convertida en parte de la amenaza. El tránsito por los diferentes escenarios exhibe las diferentes formas que cobra la violencia, la masacre de tribus y el deseo de conquista que ha mantenido Estados Unidos a lo largo de las décadas confirmado en su programa de armamento nuclear. País que para 1945, cuando arrojó las bombas de Hiroshima y Nagasaki, era el único poseedor de este tipo de tecnología.

«De repente comprendí algo que se me había escapado. Que los estragos de los nativos y la amenaza de destrucción del mundo son los dedos de dos manos entrecruzadas» confiesa el director. El derecho de dar muerte y acabar con la especie humana se ubica como el gran conflicto que aborda este documental planteado entre la película de carretera (AKA road-movie) y el retrato familiar. Paisajes donde lo turístico se mezcla con zonas inhabitables y desoladas a causa de la contaminación que ni Andréi Tarkovski se hubiese atrevido a imaginar para Stalker, conforman este collage donde Travis y Erin manifiestan el modo en que lo personal, pero también —y especialmente— lo colectivo son aspectos políticos.

La presencia del cine de Santiago Álvarez sobrevuela el documental. El modo en que se exponen las relaciones de poder resultan similares en estos dos directores que se interrogaron acerca del conflicto bélico en distintos tiempos. Vale la pena recordar la simpática anécdota contada en Accelerated Under Development: The Idiom of Santiago Álvarez (1999) cuando el joven Wilkerson quiso entrevistar a Álvarez sin haber visto sus películas y tuvo que abordar su extensa obra antes de lograrlo. Sería esa aventura que lo convertiría hoy en el heredero de un estilo, que al igual que el maestro cubano, odia al imperialismo, comprendiendo esta idea no solo en la inspiración temática sino estética. La importancia en la tipografía, el mensaje directo, el juego con los colores y el material de archivo es parte de ese estilo que explota en la pantalla.

La voz de Travis, su cadencia y silencios, funcionan como guía de este diario de viaje, mientras interpela y refuerza ideas que invitan a pensar el modo en que las tierras se convierten en un arma. La voz de Erin se une, reflexiona sobre la técnica y sus consecuencias a partir de reparar en los detalles del entorno natural —o lo que ha quedado de este—. Junto a ellas, los sonidos y la música conviven, enrarecen, enriquecen el relato. Erin observa, Travis dispara, les niñes y el perro acompañan y atestiguan esa excursión hacia «el corazón negro del país» donde la posibilidad de la desaparición de toda la humanidad late con fuerza.

¿CÓMO SE CONSTRUYE UNA FAMILIA?

Mucho ya se ha hablado y escrito acerca de la tendencia a la proliferación de documentales en primera persona. Abundan allí narrativas sin anclaje a la realidad social-política, donde una ideología con cierto sesgo individualista pareciera triunfar sobre las narrativas sin dejar lugar para lo otro, para permitir la interpelación del mundo exterior o entrar en diálogo con esa otredad. Claro que lo desconocido asusta, y por tanto vale más quedarse cerca del círculo íntimo, en un intento de comprensión de la propia historia, buceando en los archivos familiares, para encontrar temáticas y personajes de aparente interés mientras confirman en ese gesto la distancia que mantienen con lo que está por fuera.

En la obra de Wilkerson la familia también ha sido un punto de inspiración, un principio, pero nunca la finalidad. Con frecuencia, la pregunta que motoriza el relato surge de lo íntimo, pero se dirige a lo social. La memoria es pensada como un hecho colectivo, en permanente construcción. Nuclear Family no es la excepción. Aquí la familia se confirma en un gesto plural que entra en contacto con diferentes escenarios, pero también invita a pensar la fragilidad y complejidad del mundo junto a sus espectadores «porque te guste o no, todos estamos juntos en este viaje», como se afirma desde el off. Lo que queda en el fondo es la política comprendida en tanto compromiso social. El director «agitador» lo comprende: no alcanza con la emoción, sino con la responsabilidad ideológica. También de eso se trata el cine.

Estados Unidos, 2021
Dirección, Guion, Edición: Travis Wilkerson, Erin Wilkerson. Fotografía, Sonido: Travis Wilkerson. Dirección de Arte: Erin Wilkerson. Montaje: If Thousands. Producción: Catherine Wilkerson, Erin Wilkerson, Travis Wilkerson. Compañía Productora: Creative Agitation
Intérpretes: Travis Wilkerson, Erin Wilkerson, Matilda Wilkerson, Dalton Wilkerson, Adva Wilkerson. Duración: 93 min.

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