LA ARAÑA Y EL PERRO, LA FÁBULA DEL FESTIVAL: «THE GIRL AND THE SPIDER» (2021), SILVAN ZÜRCHER, RAMON ZÜRCHER #MARFILMFESTIVAL

por Nicolás Noviello

Doscientos años después de Sade, un siglo después de Bataille y Masoch, parece que cualquier cosa que públicamente reconozca el erotismo es inseparable de la violencia y la humillación es más inaceptable que nunca. El problema no es cómo una sexualidad «sana» puede ser purgada de violencia, sino como la violencia inherente a la sexualidad puede ser sublimada.

Mark Fisher

El juego de puertas que se abren y velos que se corren es siempre muy seductor y satisfactorio. Porque detrás de ese juego de sueños, metáforas y simbolismos les espectadores estamos invitados a cumplir el rol de detectives, un (supuesto) rol activo. Lo satisfactorio de este ejercicio radica en dotar de un sentido último a las cosas. Esa es la forma con la que The Girl and the Spider teje su red y atrapa a su presa, como las arañas y su telaraña, sistema que es muy similar al de las conspiraciones, que también tejen su telearaña y encantan porque dan sentido a la vida. Esta visión del mundo actual, lleno de conspiraciones donde todes jugamos un rol, es una que siempre complace («le hace el juego», como gusta decir) a la derecha.

La cacería de la araña inicia con una mudanza, muchas mujeres, algunos hombres, dos niñes, algunos perros, un gato, una anciana, una araña. Enumero porque cumplen roles, como un juego, al verlos se descifran, o es la idea. En el desorden de la mudanza los límites del espacio se pierden: vecines, compañeres de piso, mascotas, (los) trabajadores circulan sin existir delimitaciones, las puertas parecen no cumplir su rol en la sociedad, no alcanzan para respetar la privacidad. La película sin dudas juega al mismo juego que La comunidad (Álex de la Iglesia, 2000)y la disolución de espacios es una diferencia acertada. Es un síntoma del presente, no podemos ocultarnos, siempre hay un rostro vigilando. ¿Cuál es ese juego? El de odio a la sociedad vernácula, pero que desconoce de sistemas políticos y económicos, es el juego de la misantropía. En The Girl and the Spider la piedad no se le concede ni siquiera a una anciana solitaria que anda mendigando el amor de un gato que no le pertenece. Lo peor le toca a los animales, a los perros se les tira café caliente sobre el lomo, a las moscas se las aplasta con furia. Para confirmar esto siempre debe haber un detalle, un punto de vista que enrarezca la situación, ese es el rol de la niña que observa con pena y pregunta el por qué de esos maltratos. La niña aún es pura, aún está sana, no fue corrompida por la sociedad. La idea de lo puro siempre es peligrosa, nunca olvida que existen los sangre sucia.

Permítanme una deriva, esto es lo hermoso de los festivales de cine, uno ve esta película después de algo como What Do We See When We Look at the Sky? (Aleksandre Koberidze, 2021) y observa cómo se tratan las personas, cómo convive una sociedad sin simbolismos y (a esto iba) cómo aparecen los perros y las conjeturas vienen solas. El uso de animales puede desenmascarar una película, Agustina San Martin (Matar a la bestia), al igual que Martel, creen que la mirada del animal desnuda a las personas. Y es cierto. ¿Cómo desenmascaran los animales a The girl…? En su idea del amor y lo erótico: como en las arañas, la hembra debe casar al macho (perdón por el chiste misógino, pero pensé en De la Iglesia y recordé a Crimen Ferpecto). La película toma la postura de una araña e impone a las mujeres ese lugar. La araña busca poseer y asesinar, no hay nada humano allí. En el juego erótico del amor, el humano no quiere poseer, quiere ser poseído, ser deseado. Es por eso que los perros, tan dóciles y dispuestos a recibir afecto, aunque solo reciben odio, son los más humanos. «Los perros masoca» era un mejor título.

Los hermanos Silvan Zürcher y Ramon Zürcher son los hombres que orquestan este vals (¿por qué a los misántropos les gusta tanto poner vals en sus películas?). Vals de mujeres cínicas, mentirosas, manipuladoras e indirectas, con sus partners los hombres, los «buenudos», los simples y honestos. Los únicos diálogos sinceros están en los hombres «me gustas» o «me harías muy feliz» o «me mentiste», son tan inocentes al lado de los 45 minutos en que mujeres relatan sueños y metáforas.
The girl and the spider está en la competencia internacional del Festival de Mar del Plata, es una película que puede ignorarse, pero por la posición que ocupa en «el festival más importante de Latinoamérica» debemos atenderla. Pensándolo bien, no sorprende una película en la tierra de los Miley, los Bolsonaro, los Kast. Si cada selección es un síntoma, la derecha tiene su lugar. Si cada selección hay que atenderla ¿qué es «la juventud argentina» para el festival? Ya se está pensando.

Alemania, 2021
Dirección: Silvan Zürcher y Ramon Zürcher. Fotografía: Alexander Haßkerl. Edición: Ramon Zürcher, Katharina Bhend. Sonido: Balthasar Jucker. Música: Philipp Moll. Producción: Aline Schmid, Adrian Blaser. Casa Productora: Beauvoir Films. Intérpretes: Henriette Confurius, Liliane Amuat, Ursina Lardi, Flurin Giger, André M. Hennicke. Duración: 98 min.

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